1929: Fundación del PNR

Después de la lucha revolucionaria de 1910, México mostraba las marcas todavía frescas de la guerra, de la violencia generada por la incesante disputa política y también de la constante lucha de clases sociales. Aunque las armas habían conseguido la Revolución y el conflicto bélico había roto con el antiguo régimen y a su vez había sentado las bases para establecer un nuevo orden político- social, no fueron suficiente para mantener estable a una nación completa. La lucha política necesitaba institucionalizarse para poder consolidarse.

Con esta ideología como principio, el pensamiento político de Plutarco Elías Calles fue orientado a continuar con el proyecto presidencial de Álvaro Obregón, después de que éste fuera asesinado el 17 de julio de 1928. Este acontecimiento dejó al descubierto que las pugnas internas se mantenían encendidas, puesto que aún a pesar de del orden constitucional establecido en la Carta Magna de 1917, y algunos otros regalamientos en el ámbito electoral, el antiguo tufo revolucionario seguía motivando a diversos grupos sociales, es decir, la Revolución seguía presente.

Ante las continuas amenazas de levantamientos armados o posibles rebeliones, por parte de los dos principales contrincantes disputándose el poder: los obregonistas y los callistas; Emilio Portes Gil supo cómo mantener el conflicto apagado y mediante la palabra, logró perfilar el plan de una nación a futuro, es decir, propuso la creación de un órgano de carácter político que fusionara todas las peticiones y luchas revolucionarias dentro de un espacio donde se ejerciera la democracia.

“Durante más de quince años, nos hemos debatido, los revolucionarios, en luchas estériles por encontrar la fórmula para resolver nuestros problemas electorales. Todo ha sido inútil, hemos visto que las ambiciones incontenidas de muchos han arrastrado al país a luchas armadas que nos desprestigian […] Yo creo que la organización de un partido de carácter nacional servirá para construir un frente revolucionario ante el cual se estrellen los intentos de la recreación. […] Con tal organismo, se evitarían los desórdenes que se provocan en cada elección y poco a poco, con el ejercicio democrático que se vaya realizando, nuestras instituciones irán fortaleciéndose hasta llegar a la implementación de la democracia.” (C. Cansino, 2004)

Este discurso no solo marcó el nuevo pensamiento político mexicano, sino que fungió como guía para que entonces el presidente Calles, tomara las propuestas de Portes Gil como principal emblema de su gobierno. Fue así como las instituciones legales y democráticas empezarían a jugar un papel esencial en la estructura nacional, ya que se afirmaba que éstas eran el soporte y la guía que debía seguir el movimiento revolucionario.

Así, poco a poco se fue trazando el camino del nuevo Estado Mexicano, donde el líder político ya no era el caudillo, sino la ley para que, mediante la institucionalización de la política, se llegara a la paz social; ésa que tanto le faltaba al país desde hacía ya varias décadas. Este nuevo modelo político estructuró y sentó las bases para la consolidación del Estado moderno Mexicano del siglo XX.

Fue necesario que este nuevo programa político también estuviera bien organizado y estructurado, así, el partido que se convertiría en el oficial, se fundó con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR), donde se formó un espacio de diálogo entre los principales líderes políticos del país para discutir los aspectos económicos, políticos y sociales de la nación. Así, la consolidación de un partido nacional ayudaría a construir el espacio partidista y sentaría las bases de una estructura institucionalizada que modelaría el nuevo sistema político.

Se convocó entonces a que todos los partidos y organizaciones políticas con tendencia revolucionaria del país, se unificaran en un solo organismo llamado PNR, para que así, en 1928 en los tiempos de Plutarco E. Calles, la unificación nacional se diera mediante el órgano estatal que no sólo le dio forma al gobierno, sino que reconstruyó la vida social en general.

La pluralidad del Partido se daba gracias a la presencia de una diversidad de opiniones e ideas de todos los sectores sociales participantes en la Revolución, enmarcados en muy amplios principios y programas. Nueve años después de la formación del PNR, “[…] el partido ya había cumplido su misión histórica al unificar bajo una dirección centralizada a las diferentes agrupaciones revolucionarias regionales, permitiendo de esta manera, que de la era de los caudillos se pasara a la era de las instituciones.” (S. González, 2006)

El entonces Presidente Lázaro Cárdenas decidió que era pertinente un cambio estructural en el partido, por esto, postuló la necesidad de transformar la base para darle pilares más sólidos y fomentar mayores alianzas entre los diferentes sectores: campesino, obrero, militar y burocrático. Con el lema “Por una democracia para los trabajadores”, surge el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), se convirtió en un partido que pretendía generar condiciones de honestidad y legitimidad a la cohesión de los grupos sociales que lo conformaban. Con tintes socialistas que no lograron plasmarse en el nombre, el PRM estableció un sistema democrático y mantuvo el reconocimiento de la lucha de clases, otorgando el derecho a huelga y estableciendo la colectivización de las tierras y un programa educativo a las escuelas oficiales. “ El cambio del PNR al PRM significaba algo más que un mero cambio de nombre; significaba una necesidad imperiosa de modificar el Partido de la Revolución acorde a las rápidas transformaciones económico- sociales que vivía el país.” (O. Marabán, 1993)

Cárdenas, efectivamente buscaba adaptar las instituciones a los rápidos cambios sociopolíticos que ocurrían en el país, para que fuera un órgano estatal de verdadera eficiencia. Años después, con el ascenso de Manuel Ávila Camacho a la Presidencia, se convocó a una Segunda Convención del PRM, para que así los revolucionarios sentaras las bases y el camino del devenir histórico del partido. Lo que surgió de ella fue el Partido Revolucionario Institucional (PRI), bajo el lema: “Democracia y justicia social”.

El nuevo partido se definiría a sí mismo como “una asociación nacional, integrada por obreros y campesinos organizados, por trabajadores independientes, empleados públicos, cooperativistas, artesanos, estudiantes, profesionales, comerciantes en pequeño y demás elementos afines en tendencias e intereses…” (El poder, 1989) Se establece, entonces, una tendencia distinta al espíritu de lucha y tintes radicales de su predecesor, buscando la unificación de los distintos sectores que lo conforman – excepto el militar, que es eliminado del Partido –, y la misión de alcanzar el poder público democráticamente.

Como el nombre lo indica, se pretende institucionalizar el espíritu revolucionario, buscando guiar los movimientos sociales hacia las instancias gubernamentales. El abandono de este espíritu de lucha llevaría al PRI a una crisis de legitimidad producto de la falsa democracia y la falta de alternancia en el poder; de la misma manera, abandonaron los ideales revolucionarios transformadores que originaron el partido, por lo que la credibilidad del partido resulta casi nula hasta nuestros días.

Referencias:

  • Cansino, César. El desafío democrático. La transformación del Estado en México postautoritario. México, Centro de Estudios de Política Comparada, A.C., 2004.
  • Cossío Villegas, Daniel, et. Al., Historia general de México, Versión 200. México, El Colegio de México, 2008
  • Gonzales Compeán, Miguel y Lomelí, Leonardo. El partido de la Revolución. Institución y conflicto (1928-1999). México, FCE, 2000.
  • Sin Autor. El Poder. México, Fundación Miguel Alemán, A.C., 1989.
  • Camacho Vargas, J. L. Historia e Ideología del Continuum PNR-PRM- PRI. Revista de Derecho Estasiológico. Ideología y Militancia, núm. 2, México: Facultad de Estudios Superiores Aragón y Coordinación del Posgrado en Derecho UNAM, 2013, pp. 143-157.

    Imagen en portada: Diego Rivera. El Arsenal. (1928). Mural en el Edificio Sede de la Secretaría de Educación Pública, CDMX.

 

 

 

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